Definitivamente nunca acabaré de memorizar cada una de mis cicatrices, porque las sigo confundiendo con heridas, cuando me empeño en abrirlas. Me he dado cuenta de que el amor no tenía nada que ver con lo que me habían contado, con lo que había leído, sólo tenía que ver conmigo, y sólo lo he sabido cuando en mitad del huracán. He necesitado crear mapas con la piel de mi espalda.
Sigo leyendo a Cortazar cuando se me cansan las alas y sigo invocando a Neruda cada Domingo. He aprendido que no es a la tercera cuando te das por vencido, porque nunca debes de rendirte. Que voy a tropezar, a caer, y a sufrir muchísimas heridas más, que voy a querer tener un doctorado en huidas, pero jamas me daré por vencida. Porque sin andar no hay camino, y sin camino no hay historia, ni victoria, sólo derrotas. Además, andando hacia atrás, uno siempre tiene más probabilidades de tropezar con la misma piedra.
También he aprendido que la magia del naufragio no está en llegar a ser sobreviviente, sino en aprender a bailar con el vaivén del mar, en mitad de la tormenta, agarrar el timón, aguantar el tirón, enamorarte de la corriente, ser paciente porque al final las nubes se irán. ¿De verdad crees que voy a rendirme? Los que están apuntándome con el dedo, deben saber que sigo siendo yo la que me pongo la pistola en la sien y la que decido si apretar o no el gatillo, que no hay más balas para mí que las que yo misma fabrico y no tengo más heridas que las que yo me hice por voluntad propia.
Lo bueno de tener el corazón hecho pedazos es eso, que las balas de los demás tal como entran, salen. En fin, creo que no necesito la saliva de nadie para curarme, eso tuve que aprender a hacerlo yo solita; que por mi suerte o para desgracia de algunos, todavía no voy a ser el blanco fácil de nadie. Voy a atreverme a pasar por el forro de mi vestido todo lo que puedan decir de mi si alguien que se atreva a hablar mal. No busco la aprobación de la sociedad que de seguro me dirá que todo lo que escribo es poesía, porque no es verdad, no lo es, es mi vida, la mía, así que ya decidiré yo como escribirla.
Finalmente aunque llegue el día que la sonrisa se me tuerza, siempre va a estar la familia sujetando mi mundo y eso es lo único que debe importarme.
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