sábado, 6 de octubre de 2012

El lápiz mostrándome el camino...

Tenía apenas 11 años cuando hablaba con unos grandes hombres, cuando entre relatos, hobbies, pasatiempos les conté uno de mis misteriosos sueños y fue cuando uno de ellos me invitó a escribirlo. No se trataba de solo dejar en el papel como transcurrió el sueño en sí, sino de dejarle algo de mi. Me animé y así lo hice...

Para mi sorpresa cuando empecé aquella tarde a escribir, descubrí que disfrutaba hacerlo, que mi mano y mis ideas se entendían maravillosamente bien, que pasaba el tiempo y no quería dejar de gastar la punta del lápiz.

A partir de ese momento decidí escribir más a menudo, siguiendo los consejos de aquel amigo. Solo hacía falta que apareciera una idea en mi cabeza para que corriera a buscar aquel cuaderno que recibió todos esos cuentos de niña.

Mantuve este hábito por algunos años, sin embargo, las responsabilidades de la adolescencia, del hecho de dejar la niña atrás y convertirme en una mujer, hizo que olvidara el lápiz y el papel. La ventana por donde dejaba escapar mis ideas, ilusiones y fantasías se cerró.

Pasaron algunos años para que me encontrara con aquel cuadernito viejo, no pude dejar de leer, leer y leer todo aquello que escribí. Mi corazón se agitó, sentí añoranza de aquellos tiempos donde no limitaba mi mente y al mismo tiempo me sorprendió descubrirme como "Una pequeña pero gran escritora".

Agradezco enormemente a esos amigos que me mostraron el camino. Ahora escribo para mí, escribo lo que siento, lo que me motiva y lo mejor de todo es que cada día lo disfruto más.

;)